
Las brechas de ingresos se manifiestan desde la educación inicial hasta la terciaria. Sin embargo, mientras se acortan en los puntajes Simce en la Enseñanza Básica, aumentan en la PSU. En la educación terciaria, además, la matrícula universitaria reduce su prevalencia en la última década.
El CAE fue un catalizador de las demandas de estudiantes universitarias por la gratuidad. Fue una paradoja: la política pública que amplió la base de estudiantes fue el objeto de crítica por su naturaleza crediticia.

Pese al incremento en los recursos públicos en la educación pública, los particulares pagados han aumentado la brecha que los separa del resto. El mayor gasto privado en educación parece generar mayores retornos.

El interés de los profesionales por diferenciarse a través de un posgrado ha abierto un espacio educacional creciente en las universidades chilenas. Las mujeres han ocupado con mayor proporción el nivel de magíster que de doctorado.

El incremento en la oferta de opciones en el sistema de salas cuna y de educación preescolar permite una mayor inserción laboral femenina. Por eso resulta preocupante cómo se estancó el acceso a salas cuna públicas.

La escolaridad de los niños en los segmentos más vulnerables se ha trasladado a la educación subvencionada. Los puntajes del Simce de 4to básico reflejan que, sin importar el tipo de colegio, los niños más vulnerables han acortado las brechas con los de hogares más ricos.

La educación universitaria se impuso en la agenda política chilena desde 2011. Las universidades privadas tienen cada vez mayor influencia en el debate público, y los dirigentes tienen chances reales de asumir altos puestos de poder político.
