El índice oficial mide el Pacífico central. En 2017 no declaró nada y el mar frente a Piura subió 4,3 grados: 162 muertos y cerca de un millón de afectados. En 2015 declaró el episodio más intenso jamás medido y ese mismo mar subió 2,8. Cuatro de los dieciocho calentamientos costeros desde 1950 nunca entraron en la lista, y el que está en curso es uno de ellos.
Desde que existe el índice oficial con que se declara el fenómeno, en 1950, ha habido 22 episodios de El Niño, uno cada tres años y medio, de los cuales tres fueron muy fuertes. La reconstrucción instrumental basada en observaciones de barcos permite retroceder hasta 1870 y agrega alrededor de una decena de episodios más. Más atrás el registro es documental: la cronología que Quinn y coautores levantaron de crónicas coloniales y archivos peruanos identifica al menos 120 episodios en los últimos cinco siglos. Este análisis reconstruye 156 años de índices oceánicos desde 1870, 45 años de temperatura del mar satelital desde 1981 en una franja costera de 200 kilómetros que va de Ecuador a Chiloé, y las cuentas nacionales de Perú desde 1922 y de Chile desde 2013.
Ese conteo oficial deja fuera episodios que la costa sí vivió. De los 18 episodios de calentamiento costero de intensidad moderada o superior desde 1950, catorce coincidieron con un El Niño declarado y cuatro no: 1993, 2008, 2017 y el que está en curso en 2026. El de 2017 es el caso extremo: sin figurar en ninguna lista mundial de El Niño, dejó en Perú 162 fallecidos y cerca de un millón de afectados según el balance de INDECI.
La conclusión central es de medición: lo que pasa en la costa sudamericana se predice mucho mejor con la temperatura del mar frente a Perú y Ecuador que con el índice con que el fenómeno se anuncia al mundo, que se calcula a cinco mil kilómetros de ahí, en medio del Pacífico. En Perú, la caída de la pesca por cada grado de calentamiento es un 63% mayor medida con el índice costero, y solo con ese índice la relación resulta estadísticamente sólida. Los dos suelen moverse juntos, pero no siempre, y cuando se separan la diferencia es enorme: en 2015-16 el índice oficial marcó el episodio más intenso jamás medido y el mar frente a Piura solo subió 2,8 °C, mientras que en 2017 el índice oficial ni siquiera declaró El Niño y ese mismo mar subió 4,3 °C.
Esa señal se apaga hacia el sur, y se apaga rápido. Por cada grado que sube la anomalía de Niño 1+2, el mar costero frente a Tumbes y Lambayeque sube 1,19 °C y el índice explica el 87% de sus variaciones; frente a Valparaíso sube 0,21 °C y explica el 16%; frente a Concepción y Puerto Montt, 0,15 °C y el 9%. La corriente de Humboldt y la surgencia que la acompaña operan como amortiguador: el agua fría que sube desde el fondo frente a Chile sigue subiendo aunque el Pacífico ecuatorial esté muy caliente. Es la razón por la que un mismo evento puede ser catastrófico en Piura y casi imperceptible en Talcahuano.
La lluvia hereda esa geografía y le agrega un giro. En los meses de El Niño costero fuerte la franja de Tumbes y Piura recibe 318% de la lluvia que le corresponde y la costa ecuatoriana 251%, mientras la sierra sur del Perú cae a 73% y el altiplano andino a 80%. El mismo episodio inunda el desierto costero y seca la puna, de modo que hablar de un efecto único sobre la región no describe lo que ocurre. Más al sur el signo vuelve a ser positivo pero mucho más débil: Chile central recibe 122% y el Norte Chico entre 110% y 147% según la intensidad del evento, con una sensibilidad estimada de 10,1% y 15,2% de lluvia adicional por cada grado del índice costero. Es el orden de magnitud que el Banco Central de Chile obtiene por su cuenta, con 11% más de lluvia entre Coquimbo y O'Higgins y 11% menos entre Arica y Atacama durante los episodios.
En la economía la asimetría se repite. En Perú, donde la serie llega hasta 1930, la pesca cae 10,1 puntos porcentuales por cada grado del índice costero del verano austral, y los peores años del siglo coinciden con los eventos: 1972 con una caída de 46,8%, 1983 con 29,7% y 2023 con 21,2%. En Chile, con una serie trimestral que parte en 2013, la pesca cae 6,9 puntos por grado del ONI con dos trimestres de rezago y la industria de alimentos 1,7 puntos, mientras la generación eléctrica y de agua sube 2,9 puntos. El efecto sobre el PIB agregado chileno no resulta estadísticamente distinto de cero. El Banco Central de Chile llegó a un diagnóstico compatible con un método distinto: en su análisis de 2026 describe El Niño como un shock heterogéneo antes que como una perturbación agregada, con efectos concentrados en pesca, industria y agricultura, y en los componentes más sensibles del IPC, en particular frutas y verduras.
Todos los años, alrededor de diciembre, una lengua de agua cálida baja desde el golfo de Guayaquil y desplaza por algunas semanas el agua fría que domina la costa norte del Perú. Es un fenómeno anual, más bien benigno, y los pescadores de Paita, en Piura, lo llamaron la corriente del Niño, por el Niño Jesús, porque aparecía puntualmente con la fecha. El nombre no describía una catástrofe: describía un calendario.
El término salta del habla de caleta a la literatura científica en 1892, cuando el capitán de navío peruano Camilo Carrillo lo consigna ante la Sociedad Geográfica de Lima, en su disertación sobre las corrientes oceánicas, explicando que así llamaban los marinos de Paita a esa contracorriente cálida. Dos años después Víctor Eguiguren documenta las lluvias extraordinarias de Piura, y en 1895 Federico Alfonso Pezet presenta ante el Sexto Congreso Internacional de Geografía la observación que conecta las dos cosas: esa corriente caliente es la que provoca las grandes lluvias en las regiones sin lluvia del Perú. En tres años, entre 1892 y 1895, el fenómeno pasa de ser un nombre de pescadores a ser un objeto de estudio.
El significado, sin embargo, se corrió. Como había años en que la corriente cálida llegaba mucho más intensa y se quedaba muchos meses, y eso les parecía a los pescadores una versión fuerte de lo mismo, el nombre terminó reservándose para los episodios irregulares y extremos y dejó de usarse para la visita anual de diciembre. Esa es la razón por la que hoy El Niño no significa lo que significaba cuando se bautizó.
Que el fenómeno era mucho más grande que la costa peruana se entendió recién en los años sesenta. En los años veinte el británico Gilbert Walker había descrito un balancín de presión atmosférica entre el Pacífico y el océano Índico, al que llamó Oscilación del Sur, sin relacionarlo con el mar del Perú. En 1969 el meteorólogo noruego Jacob Bjerknes juntó las dos piezas: la Oscilación del Sur es la contraparte atmosférica del calentamiento del océano, y ambas se retroalimentan. De ahí viene el nombre técnico actual, ENSO, que junta El Niño con la Oscilación del Sur.
Queda entonces una ironía que este informe termina midiendo: el fenómeno lo bautizaron pescadores peruanos por lo que veían frente a su caleta, y hoy se declara con un índice que se mide en medio del océano, a cinco mil kilómetros de Paita.
Conviene imaginar el Pacífico ecuatorial como una bañera de diecisiete mil kilómetros de largo, con Indonesia en un extremo y Sudamérica en el otro. Sobre esa bañera soplan los vientos alisios, que van de este a oeste de manera constante, y que empujan el agua de la superficie hacia Asia. Como el agua superficial es la que el sol calienta, el resultado es que el agua tibia se amontona del lado asiático y forma allí una capa de más de cien metros de espesor. Del lado sudamericano queda el efecto contrario: se lleva el agua de la superficie y el hueco se rellena con agua que sube desde abajo, que es fría.
Esa diferencia se puede describir con una sola línea, la termoclina, que es la frontera entre el agua tibia de arriba y la fría de abajo. En un año normal la termoclina está inclinada: profunda frente a Indonesia, donde el agua tibia es gruesa, y muy somera frente al Perú, donde queda a pocas decenas de metros de la superficie. Esa cercanía es la que hace posible la surgencia, el mecanismo que sube agua fría y cargada de nutrientes frente a la costa y que sostiene la pesquería más productiva del planeta. En términos atmosféricos, el agua tibia del oeste calienta el aire y lo hace ascender, así que llueve sobre Indonesia y no llueve sobre el desierto peruano, que se mantiene seco justamente porque tiene enfrente un mar frío.
El Niño empieza cuando los alisios se debilitan. Sin el viento que la sostenía contra Asia, el agua tibia acumulada en el oeste se devuelve hacia el este, en forma de ondas que viajan por el ecuador y demoran unos dos meses en cruzar el océano. Al llegar a Sudamérica la termoclina se hunde y la inclinación desaparece. La surgencia sigue funcionando, porque el viento local no se detuvo, pero ya no encuentra agua fría a la profundidad de la que solía traerla: sube agua tibia. Ese es el fenómeno, y explica de una vez sus dos consecuencias en la costa. La pesquería se derrumba porque desaparecen los nutrientes que venían con el agua fría, y el desierto se inunda porque el mar caliente frente a la costa evapora y alimenta nubes donde antes había aire seco y estable.
Al mismo tiempo, la convección tropical, es decir la zona donde el aire asciende y descarga las lluvias más intensas del planeta, se corre desde Indonesia hacia el Pacífico central siguiendo al agua tibia. Ese desplazamiento es el que reordena los patrones de lluvia de medio mundo, con sequía en Australia e Indonesia y alteraciones en América del Norte y África. Y es la clave para entender la decisión de medición que viene a continuación: el corazón atmosférico del fenómeno no está en la costa sudamericana sino en medio del océano.
No hay una autoridad mundial única que lo declare. Quien fija el estándar de facto es el Climate Prediction Center de la NOAA, en Estados Unidos, con un criterio operativo: El Niño existe cuando el índice ONI se mantiene en 0,5 grados o más durante cinco trimestres consecutivos traslapados. La Organización Meteorológica Mundial publica boletines a partir de eso, y varios países mantienen además su propio comité, con sus propios umbrales, para declarar la condición local: en Perú lo hace el ENFEN, que usa un índice costero, y en Chile la Dirección Meteorológica sigue el estándar de la NOAA.
El ONI se calcula sobre la región Niño 3.4, un rectángulo entre 5°N y 5°S y entre 170°O y 120°O, en pleno océano abierto. La pregunta obvia es por qué no se usa la caja Niño 1+2, que está pegada a la costa de Ecuador y el norte de Perú, que es donde el fenómeno se observó por primera vez y de donde viene su nombre. La razón es que el índice no fue diseñado para describir la costa sudamericana sino para anticipar el clima del mundo. El acoplamiento entre el océano y la atmósfera que redistribuye las lluvias globales ocurre donde se desplaza la convección tropical, y eso pasa en el Pacífico central, no en el litoral. Barnston y coautores mostraron en 1997 que la caja 3.4 es la que mejor correlaciona con los indicadores atmosféricos del fenómeno, y desde entonces desplazó a las que se usaban antes. La caja costera, en cambio, está dominada por procesos locales de surgencia, es bastante más ruidosa y se acopla peor con la atmósfera global.
El índice con que se declara El Niño se mide a cinco mil kilómetros de donde el fenómeno se descubrió
Regiones de monitoreo del Pacífico ecuatorial
Elaboración Unholster sobre las definiciones de NOAA Climate Prediction Center.
La decisión es razonable para el propósito con que se tomó y tiene un costo para esta región: el número que decide si hay Niño o no describe bien lo que va a pasar en California o en Australia, y describe peor lo que va a pasar en Piura. Todo lo que sigue en este informe es la medición de ese costo.
Aplicando el criterio oficial a la serie completa del ONI, entre 1950 y 2026 hubo 22 episodios de El Niño y 20 de La Niña. Los episodios de El Niño duran en promedio diez meses. Tres fueron muy fuertes, con el índice sobre 2 grados, y ocho fueron débiles, apenas sobre el umbral. El episodio en curso en 2026 todavía no completa los cinco trimestres que exige la definición.
La regla es una línea horizontal: cinco trimestres seguidos por sobre 0,5 grados
ONI oficial de la NOAA, anomalía trimestral de Niño 3.4 · 1950–2026
Fuente: NOAA CPC, archivo oni.ascii. Elaboración Unholster.
Antes de 1950 no existe el índice oficial, pero sí reconstrucciones basadas en las observaciones de temperatura que tomaban los barcos. Sobre esa serie, que llega a 1870, el registro instrumental suma alrededor de una decena de episodios adicionales en las ocho décadas previas. Más atrás no hay termómetros, pero sí archivos: la cronología que Quinn, Neal y Antúnez de Mayolo levantaron de crónicas coloniales, registros de lluvias e informes de cosechas y naufragios en la costa peruana identifica al menos 120 episodios en los últimos cinco siglos, y sitúa los de 1891 y 1925 en un rango de intensidad comparable al de 1982-83 y 1997-98.
En 157 años de registro solo dos episodios llegaron a extraordinarios en la costa
Índice costero, media móvil trimestral de la anomalía de Niño 1+2 · 1870–2026
Fuente: NOAA PSL sobre HadISST, re-basado a 1991-2020. Elaboración Unholster.
Medido con el índice costero, el registro largo contiene 46 episodios cálidos, 31 de intensidad moderada o superior y solo dos que llegan a extraordinarios: 1982-83 y 1997-98. Los episodios fuertes aparecen concentrados en la segunda mitad del registro, nueve después de 1950 contra cuatro antes, pero esa comparación hay que tomarla con cuidado, porque la reconstrucción del siglo XIX se apoya en muchas menos observaciones y tiende a suavizar los extremos.
La pregunta que importa acá no es si los dos índices se parecen, sino si conocer el oficial permite anticipar cuán grave será el episodio en el litoral. El gráfico siguiente ordena los episodios de mayor a menor según el ONI y muestra al lado cuánto llegó a marcar cada uno en el índice costero. Si el ONI ordenara bien la severidad costera, las dos columnas bajarían en paralelo.
Ordenados por el índice oficial, los episodios se reordenan al mirar la costa
Máximo del ONI y máximo del índice costero, por episodio · 1950–2026
Fuente: NOAA CPC. Episodios costeros de intensidad moderada o superior. Elaboración Unholster.
No bajan en paralelo. 2015-16 encabeza el ranking oficial con 2,75 y queda quinto en la costa con 2,23, mientras 1982-83 y 1997-98, que aparecen tercero y segundo por ONI, se disparan a 3,96 y 4,13 en el litoral. En el extremo opuesto, 2017 y 2008 casi no registran señal en el índice oficial y sin embargo marcan 1,34 y 1,14 en la costa. La correlación entre ambos rankings existe, pero deja fuera precisamente los casos extremos, que son los que determinan si hay desastre o no.
La tabla lista todos los episodios costeros de intensidad moderada o superior desde 1950 e indica si en paralelo hubo una declaración oficial de El Niño, entendida como el criterio de la NOAA de cinco trimestres consecutivos con el ONI sobre 0,5. Catorce de los dieciocho coinciden con un episodio declarado. Los cuatro que no son 1993, 2008, 2017 y el actual de 2026, y quedan fuera por razones distintas.
| Periodo | Meses | Máximo costero | ONI máximo | Categoría costera | ¿Declarado El Niño? |
|---|
En 2008 y 2017 el Pacífico central nunca se calentó: el ONI máximo fue de menos 0,23 y de 0,31 respectivamente, muy por debajo del umbral, así que el fenómeno fue estrictamente costero. Son los que en este informe llamamos costeros puros. En 1993 el ONI sí superó 0,5 pero no aguantó los cinco trimestres seguidos que exige la regla, y en 2026 el episodio está en curso y todavía no acumula ese tiempo. El caso de 2017 es el que mejor ilustra el problema: entre diciembre de 2016 y abril de 2017 el índice costero llegó a 1,34, las lluvias desbordaron los ríos del norte peruano y el balance de INDECI para diciembre de 2016 a mayo de 2017 contabilizó 162 fallecidos, 141 mil damnificados y cerca de un millón de afectados, con daños materiales estimados sobre los 3.100 millones de dólares. El fenómeno no figura en ninguna lista mundial de episodios de El Niño.
La corriente de Humboldt corre hacia el norte a lo largo de la costa occidental de Sudamérica y arrastra agua fría desde latitudes altas. Sobre ella actúa la surgencia: el viento del sur empuja el agua superficial mar adentro y desde el fondo sube agua fría y cargada de nutrientes, que es la base de una de las pesquerías más productivas del planeta. El Niño interrumpe ese mecanismo. Las ondas Kelvin que viajan por el ecuador hacia el este profundizan la termoclina frente a Sudamérica, y la surgencia deja de traer agua fría porque el agua que hay debajo ya no lo es.
Ese proceso se puede medir. Comparando, mediante una regresión, la anomalía mensual de temperatura de cada tramo de costa con la anomalía de la caja Niño 1+2, se obtiene cuántos grados sube el mar local por cada grado que sube el índice, y qué proporción de la variabilidad local queda explicada. El resultado es un gradiente latitudinal limpio.
Por cada grado del índice costero, el mar sube 1,19 °C frente a Lambayeque y 0,15 °C frente a Puerto Montt
Pendiente de la regresión (°C por °C) y varianza explicada (r²), por zona · 1981–2026
Fuente: NOAA OISST v2.1 y NOAA CPC. Franja costera de 200 km. Elaboración Unholster.
Frente al norte de Perú el índice explica el 87% de las variaciones de la temperatura del mar costero. Frente a Chile centro-sur explica el 9%. Entre ambos extremos hay unos tres mil kilómetros y una caída de casi un orden de magnitud en la capacidad predictiva. Chile no está fuera del alcance de El Niño, pero recibe una versión atenuada y contaminada por otros factores, mientras que en Perú el fenómeno es prácticamente el único determinante de la temperatura del mar.
El gradiente también se puede ver de una sola vez, poniendo los 45 años de la serie en un solo panel: el eje horizontal es el tiempo, el vertical es la latitud y el color es la anomalía de la franja costera en ese mes y esa latitud.
Cada episodio es una banda vertical que nace ancha en el ecuador y se angosta hacia el sur
Anomalía de la franja costera por latitud y mes, media móvil de 3 meses · 1981–2026
Fuente: NOAA OISST v2.1. Anomalía vs climatología mensual 1991–2020. Elaboración Unholster.
Las tres bandas más intensas del panel corresponden a 1982-83, 1997-98 y 2023-24, y en las tres el color más oscuro se concentra entre el ecuador y los 15°S. La de 1982-83 es la única que llega con fuerza hasta los 25°S. En 2015-16 la banda es visible pero tenue en la costa, pese a haber sido el episodio con mayor ONI de la serie. El panel también muestra que las bandas frías de La Niña ocupan mucha más superficie del gráfico que las cálidas, porque los enfriamientos son más largos y menos intensos que los calentamientos.
La atenuación promedio esconde algo más nítido: en los episodios grandes la anomalía no se distribuye de forma pareja a lo largo de la costa, sino que se concentra en una lengua que va del golfo de Guayaquil hasta cerca de Lima y se corta abruptamente en el norte chileno.
La lengua cálida se detiene donde la corriente de Humboldt se vuelve dominante
Anomalía de temperatura superficial del mar en el mes de mayor anomalía de cada evento, vs 1991–2020
Fuente: NOAA OISST v2.1, 0,25°. Las líneas punteadas marcan 3,5°S y 18,35°S. Elaboración Unholster.
Los seis paneles permiten leer de una vez la diferencia entre tipos de evento. En junio de 1983 y en diciembre de 1997 la mancha roja cubre toda la costa peruana con anomalías sobre 5 °C y se extiende hasta Antofagasta. En diciembre de 2015, con el ONI más alto de la serie histórica, el litoral peruano está claramente más frío que en esos dos casos y frente a Chile central el mar apenas se aparta de su promedio, con 0,17 grados. En marzo de 2017 la mancha existe pero está confinada al norte de Perú. Junio de 2026 muestra la lengua cálida ya formada y aún en desarrollo.
Anomalía máxima alcanzada por cada tramo de costa en cada episodio
Máximo de la anomalía mensual dentro de la ventana del evento, °C
Fuente: NOAA OISST v2.1. Elaboración Unholster.
La comparación cuantifica lo que los mapas muestran. En 1982-83 el norte de Perú llegó a 6,7 °C sobre lo normal y Chile norte a 2,4 °C; en 2015-16 el norte de Perú no pasó de 2,8 °C pero Chile centro alcanzó 2,0 °C, el valor más alto de la serie para esa zona. Los eventos no solo difieren en magnitud, sino en qué parte de la costa castigan.
La franja entre Tumbes y Piura recibe en un año normal 252 milímetros, un régimen de desierto costero concentrado en el verano austral. Durante los meses de El Niño costero fuerte esa misma franja recibe 318% de lo que le corresponde, y en Ecuador la cifra es 251%. No se trata de una estación algo más húmeda, sino de un régimen distinto: el mar caliente frente a la costa alimenta convección donde normalmente el aire desciende y se mantiene seco, y la lluvia aparece sobre una geografía que no está construida para recibirla.
La misma fase del fenómeno multiplica la lluvia en Piura y la reduce en el altiplano
Lluvia acumulada como % de la climatología 1991–2020 de los mismos meses, por fase
Fuente: NOAA CPC Global Unified, 0,5°. Fases definidas por el índice costero. Elaboración Unholster.
El gráfico deja ver que el fenómeno no tiene un signo único ni siquiera dentro de un mismo país. Mientras la costa norte peruana se inunda, la sierra sur del Perú recibe 73% de su lluvia normal y el altiplano andino un 80%: El Niño debilita el flujo de humedad amazónica que alimenta el invierno altiplánico, de modo que el mismo episodio que desborda los ríos de Piura seca los bofedales de Puno y Tarapacá. Hacia el sur el signo se vuelve a invertir: Chile central recibe 122% y el Norte Chico entre 110% y 147% según la intensidad. La Niña produce la imagen especular, con el Norte Chico en 72% y Chile central en 81%.
Llevado al mapa, el contraste se ordena por altitud además de por latitud: la señal húmeda ocupa una franja angosta pegada al litoral de Ecuador y el extremo norte del Perú, mientras el déficit cubre casi toda la sierra y se prolonga hacia la cuenca amazónica.
La señal húmeda es una franja costera angosta; el déficit ocupa toda la sierra
Lluvia acumulada como % de lo normal en los 45 meses de Niño costero fuerte desde 1979
Fuente: NOAA CPC Global Unified, 0,5°. Elaboración Unholster.
La mancha azul del extremo norte coincide con las cuencas de Tumbes, Piura y el Guayas, que son exactamente las que se desbordan en los episodios grandes. El naranjo más intenso aparece sobre la sierra sur peruana y el altiplano, entre los 13°S y los 20°S, donde el déficit llega a la mitad de lo normal. Hacia el sur de los 30°S el mapa vuelve a azulearse, con el matiz mucho más suave que corresponde a un efecto de 10% a 15%.
Comparando, mediante una regresión, la lluvia mensual de la temporada húmeda de cada zona, expresada como porcentaje de su promedio histórico, con el índice costero, se obtiene cuánto cambia la lluvia por cada grado del índice. El resultado ordena las zonas casi exactamente igual que el gradiente oceánico.
Cada grado del índice costero suma 64% de lluvia en Piura y 10% en Chile central
Pendiente de la regresión sobre los seis meses más lluviosos de cada zona, % por °C
Fuente: NOAA CPC y NOAA CPC ERSSTv5. Significancia al 5%. Elaboración Unholster.
Las dos zonas donde la relación es fuerte y estadísticamente sólida son Ecuador, con 43,7% por grado, y el noroeste peruano, con 63,8% por grado, ambas con correlaciones sobre 0,55 sobre más de 250 meses de temporada húmeda. En Chile las pendientes son mucho menores pero del signo esperado y significativas al 5%: 15,2% por grado en el Norte Chico y 10,1% en Chile central. En la sierra sur peruana y en el altiplano chileno la pendiente es negativa y no alcanza significancia, lo que confirma que el efecto de secado en altura existe pero es más débil y ruidoso que el de inundación en la costa.
Estas magnitudes son consistentes con las que reporta el Banco Central de Chile con datos y metodología independientes: durante los episodios de El Niño la precipitación aumenta 11% entre Coquimbo y O'Higgins y cae 11% entre Arica y Parinacota y Atacama. La coincidencia en el signo y en el orden de magnitud entre dos construcciones distintas es un argumento fuerte de que la señal es real y no un artefacto de la grilla.
El daño de El Niño en la costa peruana no lo produce el acumulado del año sino la concentración. En un año normal la franja de Tumbes y Piura registra 3,9 días con más de 10 milímetros. En 1998 registró 33 días, acumuló 1.153 milímetros, cuatro veces y media su normal, y su día más lluvioso alcanzó 57,8 milímetros promediados sobre toda la caja, un valor que en el terreno se traduce en quebradas activadas y huaicos. En 2017, el episodio costero puro que el ONI no alcanzó a registrar, hubo 14 días sobre ese umbral y el acumulado llegó a 541 milímetros. Son los dos años que la región asocia con desastre.
Los años de lluvia extrema en Piura son exactamente los años de índice costero alto
Lluvia anual acumulada en Tumbes–Piura, mm, e índice costero del verano austral
Fuente: NOAA CPC y NOAA CPC ERSSTv5. 2026 con datos parciales a julio.
En síntesis, los datos indican que el canal pluviométrico reproduce la misma geografía que el canal oceánico, con una diferencia importante de calendario. El mar responde al índice de forma prácticamente instantánea, mientras que la lluvia depende de la coincidencia entre el calentamiento y la estación húmeda local. Esa diferencia es la que explica que el episodio de 2026 ya sea visible en el mar y todavía no en las series de precipitación del norte peruano, cuya temporada de lluvias se define entre enero y abril.
La anchoveta vive en el agua fría y rica en nutrientes que la surgencia trae a la superficie frente a Perú. Cuando El Niño profundiza la termoclina, el cardumen se dispersa y se hunde, la captura se desploma y con ella la producción de harina de pescado. La serie del Banco Central de Reserva del Perú permite seguir ese canal desde 1930, en el PBI pesca, como se llama en Perú al producto interno bruto sectorial, lo que la convierte en el registro económico más largo disponible para medir el fenómeno en la región.
Los desplomes de la pesca peruana coinciden con los máximos del índice costero
PBI pesca, variación porcentual anual, y máximo del índice costero del verano austral
Fuente: BCRPData, series PM04971AA y PM04983AA; NOAA CPC. Elaboración Unholster.
Los cuatro peores años de la serie desde 1930 son 1972 con una caída de 46,8%, 1971 con 31,0%, 2012 con 30,2% y 1983 con 29,7%. El de 1972 es el más citado de todos porque coincidió con el colapso definitivo de la pesquería de anchoveta, que hasta entonces era la mayor del mundo; ese colapso combinó el evento con una sobreexplotación previa. El de 2023 alcanzó 21,2% y fue seguido en 2024 por un rebote de 27,2%, un patrón de caída y recuperación que se repite en casi todos los episodios.
La relación es sistemática, no un conjunto de coincidencias
Cada punto es un año: índice costero del verano austral contra variación del PBI pesca
Fuente: BCRPData y NOAA CPC. 76 años, 1950–2025. Elaboración Unholster.
La pendiente estimada es de 10,1 puntos porcentuales de caída del PBI pesca por cada grado del índice costero promedio de diciembre a mayo; la probabilidad de que ese resultado sea azar es de 0,08%. El mismo ejercicio con el ONI en lugar del índice costero da una pendiente de 5,8 puntos y deja de ser significativo al 5%. El patrón se repite sector por sector: en manufactura el índice costero rinde una pendiente de 2,8 puntos contra 1,7 del ONI, y en el PBI agregado 1,6 contra 1,1. Para medir el impacto económico en Perú, la caja costera es sistemáticamente mejor predictor que el índice con que se declara el fenómeno.
El desembarque de anchoveta de 2023 fue 59% inferior al promedio de la serie
Desembarque anual para consumo industrial, miles de toneladas · 2003–2026
Fuente: BCRPData, serie PN01848AM. 2026 con datos parciales a junio.
El desembarque promedio entre 2003 y 2025 es de 4,85 millones de toneladas anuales. En 2023, el año del último episodio, cayó a 1,98 millones, un 59% bajo ese promedio, y al año siguiente rebotó a 4,63 millones. Los otros dos mínimos de la serie, 2014 con 2,26 millones y 2016 con 2,73, coinciden también con índices costeros elevados. La serie parte en 2003 y por eso no alcanza a cubrir 1983 ni 1998, que se leen en el PBI sectorial anual del gráfico anterior.
La contraparte chilena es más débil y más difícil de medir. La serie trimestral de PIB por actividad en volumen encadenado parte en 2013, lo que deja 50 variaciones interanuales y solo dos episodios cálidos completos. Con esa limitación, la asociación aparece en los sectores que cabía esperar y no en el agregado.
La pesca chilena responde con dos trimestres de rezago; el PIB total no se mueve
Variación anual del PIB por actividad e índice costero, trimestral · 2014–2026
Fuente: Banco Central de Chile, BDE; NOAA CPC. Elaboración Unholster.
Controlando por tendencia lineal y con errores robustos a autocorrelación, la pesca cae 6,9 puntos porcentuales por cada grado del ONI con dos trimestres de rezago y la industria de alimentos 1,7 puntos, ambos con una probabilidad de azar bajo 0,1%. La generación eléctrica y de agua sube 2,9 puntos por grado del índice costero, consistente con más lluvia y más agua embalsada. El PIB total muestra un coeficiente negativo de 1,6 puntos que no alcanza significancia estadística, y el sector agropecuario-silvícola no muestra relación detectable en volumen.
Ese último punto merece precisión, porque cambia según se mire en pesos corrientes o en volumen. Medido a precios corrientes el sector agropecuario chileno sí aparece subiendo con El Niño, pero esa asociación desaparece al pasar a volumen encadenado, lo que sugiere que lo que se mueve son los precios y no la producción física.
Las frutas y verduras son el componente del IPC que más se mueve
Índice de precios, base febrero 2018 = 100, y variación mensual del componente
Fuente: Banco Central de Chile, BDE. Elaboración Unholster.
Entre febrero de 2018 y julio de 2026 las frutas y verduras acumulan un alza de 55,4% contra 50,1% del IPC general, pero con una volatilidad mucho mayor: sus dos mayores alzas mensuales de la serie son 6,6% en septiembre de 2023, en pleno evento, y 6,1% en marzo de 2026, en el arranque del episodio actual.
En 2026 el Banco Central de Chile publicó un análisis sobre los posibles impactos económicos de El Niño en el país, elaborado por economistas de su Departamento de Análisis. Usando funciones de impulso respuesta estimadas con modelos VAR bivariados sobre el periodo 2014 a 2025, concluye que el fenómeno opera como un shock heterogéneo antes que como una perturbación agregada, y que se transmite por canales hidrológicos, sectoriales, regionales y de precios relativos, con efectos más visibles en pesca, industria y agricultura, y sobre componentes específicos del IPC, en especial frutas y verduras. Ante un impulso de un grado en el ONI reporta respuestas negativas del PIB total explicadas principalmente por el componente no minero, con efectos adversos en industria y pesca y una respuesta inicial más favorable en el agropecuario-silvícola asociada a mejores condiciones hídricas.
El mismo análisis cuantifica el canal hidrológico con datos de precipitación por macrozona para 2000 a 2023: durante los episodios de El Niño la lluvia aumenta 11% entre Coquimbo y O'Higgins, 5% entre Maule y Los Lagos y 4% en Aysén y Magallanes, mientras cae 11% entre Arica y Parinacota y Atacama. En los episodios que clasifica como Súper Niño el patrón se reordena por completo: el norte sube 237%, la zona entre Coquimbo y O'Higgins cae 19% y el sur sube 12%. Es un resultado independiente y coincidente con el que arroja acá la grilla de precipitación, y refuerza que el efecto sobre Chile no se puede resumir en un solo signo.
Conviene notar que el propio Informe de Política Monetaria de junio de 2026 registra el retroceso de los sectores agropecuario-silvícola y pesca como parte de la explicación de la debilidad de la actividad del primer semestre, aunque lo atribuye a factores de oferta transitorios y no a condiciones climáticas. La coincidencia temporal con el inicio del episodio actual no permite por sí sola atribuir causalidad, pero sí ubica el orden de magnitud de lo que está en juego.
Entre diciembre de 2025 y junio de 2026 el índice ONI pasó de menos 0,60 a más 1,39 y la anomalía de la caja costera Niño 1+2 pasó de menos 0,62 a más 2,82 grados. Es una transición de La Niña a una fase cálida en seis meses, aunque todavía no completa los cinco trimestres cálidos que exige la declaración oficial. El índice costero cerró mayo en 1,98, dentro de la categoría de evento fuerte según los umbrales del ENFEN, y la serie sigue subiendo con el último dato disponible.
Alineando cada evento al mismo mes del año, 2026 corre por encima de 2015-16 y 2023-24
Anomalía mensual de Niño 1+2, meses desde enero del año de arranque del episodio
Fuente: NOAA CPC. Elaboración Unholster.
En junio, el sexto mes de la trayectoria, 2026 marca 2,82 grados. En el mismo punto 1997-98 marcaba 3,00, 2023-24 marcaba 2,50 y 2015-16 marcaba 2,19. El episodio de 1982-83, que se desarrolló más tarde en el año, iba en 0,13. La comparación no anticipa cómo terminará el evento, porque la trayectoria posterior difiere mucho entre episodios y el máximo costero suele ocurrir entre diciembre y marzo, pero sí ubica el punto de partida en el tramo alto de la distribución histórica.
En junio de 2026 la franja costera del norte de Perú estaba 4,39 grados sobre su promedio 1991-2020 y la del centro peruano 4,04 grados. Frente a Chile las anomalías son de 0,98 grados en el norte y 0,57 en la zona central, todavía dentro de rangos ordinarios. La distribución espacial reproduce con precisión el gradiente que el análisis identifica para todos los episodios previos: la señal entra por Ecuador y Perú y llega debilitada al sur.
Anomalía del mar costero por zona en los últimos cuatro años
Anomalía mensual de temperatura superficial del mar vs 1991–2020, °C
Fuente: NOAA OISST v2.1. Elaboración Unholster.
En la lluvia el panorama es mixto y coherente con los rezagos estimados. Entre enero y julio de 2026 la costa central peruana acumula 259% de lo que le corresponde y el Norte Chico chileno 166%, mientras Tumbes y Piura van en 51% y Chile central en 67%. Julio dejó en el Norte Chico 94,7 milímetros, seis veces y media su julio normal y el tercer julio más lluvioso desde 1979, detrás de 1987 y 1984, ambos años de episodio cálido. Que Piura siga seca no contradice nada: su temporada de lluvias corre entre enero y abril, de modo que la respuesta pluviométrica al calentamiento actual se jugará recién en el verano siguiente.
Del lado económico, en Chile el PIB pesca cayó 15,8% anual en el primer trimestre de 2026 y 5,9% en el segundo; el agropecuario-silvícola cayó 6,5% y 0,3%, respectivamente, mientras el PIB total varió menos 0,3% y menos 0,2%. El IPC de frutas y verduras subió 6,1% en marzo, la segunda mayor alza mensual de la serie desde 2018. Nada de esto es atribuible al fenómeno con la evidencia disponible, porque el rezago estimado es de uno a dos trimestres y el episodio recién arrancaba, pero es el patrón sectorial que el análisis histórico anticipa. En Perú, la primera señal ya es visible: el índice mensual de PBI pesca cayó 55,1% anual en junio y el desembarque industrial de anchoveta fue prácticamente nulo. La coincidencia en el tiempo tampoco identifica una causa, pero el rezago estimado entre el máximo del índice y el impacto sectorial es de dos trimestres, de modo que los próximos meses son los que importan.
El Banco Central de Chile situaba, a mayo de 2026, la probabilidad de ocurrencia de El Niño durante el año sobre 80%, con una probabilidad de 30% de que evolucionara hacia un episodio de intensidad extrema hacia fin de año. Los datos oceánicos disponibles al 30 de junio son consistentes con el primer escenario y no permiten descartar el segundo.
La serie trimestral chilena de PIB por actividad en volumen encadenado parte en 2013 y tiene 50 variaciones interanuales. Cubre dos episodios cálidos completos y coincide en el tiempo con la megasequía de la zona central y con la entrada masiva de generación solar al sistema eléctrico. Los coeficientes de la pestaña de economía se reportan por eso en dos versiones, con y sin tendencia lineal, y con errores estándar robustos a autocorrelación. Se leen como asociación condicional y no como efecto causal identificado.
La serie peruana, en cambio, tiene 96 años y cubre catorce episodios, por lo que sus estimaciones son sustancialmente más informativas.
La lluvia proviene de una interpolación de estaciones cuya densidad es baja justamente en el desierto costero peruano y en el altiplano, que es donde el fenómeno es más extremo. Los totales de esas cajas tienen más incertidumbre que los de Chile central, y por eso los promedios por fase se leen por su signo y orden de magnitud antes que por su valor puntual.
NOAA Climate Prediction Center, archivo ersst5.nino.mth.91-20, construido sobre ERSSTv5 con base climatológica 1991-2020. Entrega temperatura y anomalía mensual de las cuatro cajas Niño desde enero de 1950, de donde sale el índice costero de este análisis: media móvil trimestral centrada sobre Niño 1+2, replicando el criterio del ENFEN peruano con umbrales de 0,4 para débil, 1,0 para moderado, 1,7 para fuerte y 3,0 para extraordinario.
Las declaraciones de El Niño usan el ONI operativo de la NOAA, archivo oni.ascii, y no una media móvil calculada sobre el archivo anterior. La diferencia importa: la NOAA calcula el ONI con bases climatológicas móviles de 30 años, centradas en bloques de cinco años, justamente para que el calentamiento del océano no haga desaparecer los episodios antiguos. Con base fija 1991-2020, El Niño 1976-77 no alcanza el umbral, y con el ONI oficial sí. Usar el índice equivocado cambia el conteo de 22 episodios a 20.
Validación: los 22 episodios detectados con la regla de cinco trimestres consecutivos sobre el ONI oficial corresponden a la lista publicada por el Climate Prediction Center, incluidos los tres muy fuertes. Limitación: ERSSTv5 es un producto reconstruido; antes de la era satelital, previo a 1981, la densidad de observaciones en el Pacífico oriental es menor y las anomalías de la caja costera tienen más incertidumbre.
NOAA OISST v2.1 mensual, resolución 0,25°, desde septiembre de 1981, descargado por OPeNDAP desde NOAA PSL en tramos de 24 meses. La franja costera se define para cada latitud como las ocho celdas oceánicas contiguas a la costa, unos 200 km, detectando la costa como la celda de océano más al este dentro de la ventana del Pacífico. Se prefirió esta construcción a una ventana fija de longitud porque entre Piura y Valparaíso la línea de costa se desplaza cerca de diez grados hacia el este.
Validación: la serie se contrastó contra el análisis independiente de SST a 1 km con datos MUR de NASA JPL disponible en Temperatura_Agua, sobre las mismas cuatro bandas de la costa chilena y 289 meses comunes. La correlación va de 0,965 a 0,985 según zona, con sesgo entre menos 0,40 y más 0,22 °C y error absoluto medio de 0,41 a 0,50 °C. Limitación: a 0,25° el producto suaviza los gradientes finos de surgencia pegados al continente, por lo que subestima los contrastes locales más agudos.
Qué se midió y dónde
Franja costera de mar, 8 zonas, y cajas terrestres de lluvia, 9 zonas
Elaboración Unholster. La franja de mar sigue la costa latitud por latitud; las cajas de lluvia son rectángulos fijos.
CPC Global Unified Gauge-Based Analysis of Daily Precipitation, resolución 0,5°, desde 1979, descargado por OPeNDAP un año por petición. Se agregan totales mensuales, día más lluvioso del mes y número de días sobre 10 mm para nueve cajas terrestres definidas sobre zonas administrativas de Ecuador, Perú y Chile. Las anomalías se calculan contra la climatología mensual 1991-2020 y los promedios por fase ENSO usan la mediana del cociente entre lluvia observada y climatología del mismo mes calendario, de modo que la estacionalidad no se confunda con la señal del fenómeno. Las cajas son rectángulos fijos y no coinciden con fronteras: la del altiplano, entre 18°S y 24°S y entre 69°O y 67,5°O, cubre la puna del Norte Grande chileno y se prolonga sobre territorio boliviano y argentino, por lo que se rotula como altiplano y no como una zona de un solo país.
Validación: los totales anuales climatológicos por zona reproducen el orden de magnitud conocido de cada régimen, con el desierto costero peruano bajo los valores mínimos y el sur de Chile en el extremo húmedo. La dirección y el orden de magnitud de los efectos por macrozona chilena coinciden con los que reporta el Banco Central de Chile con datos y método distintos. Limitación: el producto interpola estaciones, y la densidad de estaciones es baja justamente en el desierto costero peruano y en el Norte Grande chileno, donde el fenómeno es más extremo. Los totales de esas cajas tienen más incertidumbre que los de Chile central.
API pública de BCRPData del Banco Central de Reserva del Perú. Series anuales de PBI por sectores productivos en variación porcentual interanual, desde 1922 para el agregado y 1930 para pesca, y series mensuales de índice de PBI sectorial desde 1994, desembarque de anchoveta para consumo industrial desde 2003 e IPC de alimentos desde 1992. El índice del verano austral con que se contrastan las series anuales promedia el índice costero entre diciembre del año anterior y mayo del año en curso, que es la ventana en que el fenómeno afecta la biomasa y las lluvias del hemisferio sur.
Validación: los años de caída extrema de la pesca identificados por la serie coinciden con los episodios documentados de 1972-73, 1982-83, 1997-98 y 2023-24. Limitación: el colapso de 1971-72 combina el evento con una sobreexplotación previa de la pesquería, por lo que ese año no es atribuible solo a condiciones oceánicas y la pendiente estimada lo incorpora como observación extrema.
Base de Datos Estadísticos del Banco Central de Chile. PIB por clase de actividad económica trimestral en volumen a precios del año anterior encadenado. IPC por componente en variación mensual, empalmando las dos bases publicadas con corte en febrero de 2023, que es donde arranca la vigente.
Validación: se descartó la versión de la misma tabla a precios corrientes, con la cual el PIB total crece entre 8% y 12% anual, cifra que corresponde a inflación y no a actividad. Los resultados sectoriales cambian de signo o de significancia según cuál de los dos se use, y este análisis usa exclusivamente el de volumen. Limitación: el BDE no publica serie de frutas y verduras anterior a 2018, así que ese componente cubre solo dos episodios y el empalme entre bases supone que la variación mensual es comparable entre canastas distintas.
El relato del origen del nombre se apoya en la disertación de Camilo Carrillo sobre las corrientes oceánicas, publicada en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima en 1892; en las observaciones de Víctor Eguiguren (1894) y Federico Alfonso Pezet (1895) sobre las lluvias del norte peruano; en el trabajo de Gilbert Walker de los años veinte sobre la Oscilación del Sur; y en Jacob Bjerknes (1969), que estableció el acoplamiento entre océano y atmósfera. La cronología de episodios de los últimos cinco siglos es de Quinn, Neal y Antúnez de Mayolo (1986, 1987), difundida en Perú por el Ministerio del Ambiente y el SENAMHI. Las cifras del episodio de 2017 son del balance de INDECI para diciembre de 2016 a mayo de 2017.
Limitación: son referencias bibliográficas, no series de datos, y no entran en ningún cálculo de este informe.
Para contar episodios sobre el registro instrumental completo se usa la serie de anomalías de Niño 1+2 y Niño 3.4 de NOAA PSL construida sobre HadISST, disponible desde 1870. Viene en base 1981-2010 y se re-basa a 1991-2020 restando la anomalía media de cada mes calendario en esa ventana, para que sea comparable con el archivo ERSSTv5 que usa el resto del análisis. Sobre ella se aplican las mismas dos reglas de conteo.
Validación: sobre los 915 meses en común con la serie ERSSTv5, los dos índices costeros correlacionan 0,959, con sesgo de 0,19 °C y error absoluto medio de 0,29 °C. Los cuatro episodios muy fuertes que detecta después de 1950 coinciden con la lista oficial de la NOAA. Limitación: antes de 1950, y sobre todo antes de 1900, la reconstrucción se apoya en observaciones de barcos muy escasas en el Pacífico oriental, e interpola. Eso suaviza los extremos, así que la aparente concentración de episodios fuertes en la segunda mitad del registro puede reflejar en parte una mejora de la observación y no solo un cambio en el clima. El conteo de episodios débiles del siglo XIX es el número menos confiable de todo el informe.
Registro documental: la cifra de al menos 120 episodios en cinco siglos proviene de la cronología de Quinn, Neal y Antúnez de Mayolo (1986, 1987), reconstruida de fuentes documentales de la costa peruana y difundida en Perú por el Ministerio del Ambiente y el SENAMHI. No es una serie instrumental y no se usa en ningún cálculo de este informe: entra solo como contexto histórico.
Las sensibilidades del mar son regresiones lineales de la anomalía mensual de cada zona sobre la anomalía del índice, evaluadas en rezagos de cero a nueve meses y reportadas en el rezago de mayor correlación absoluta, que resultó cero en las ocho zonas. Las regresiones económicas chilenas se reportan en dos versiones, simple y con tendencia lineal más errores Newey-West de cuatro rezagos, y se selecciona para cada sector el índice y rezago de mayor correlación absoluta entre ocho candidatos.
Limitación: seleccionar el rezago de mayor correlación entre varios candidatos infla la significancia aparente. Los p valores reportados no corrigen por esa búsqueda y deben leerse como indicativos, especialmente en la serie chilena, donde el número de observaciones es bajo. Las relaciones que sobreviven al control de tendencia y a los errores robustos, pesca y alimentos, son las más sólidas del conjunto.
Todas las series son de acceso público y gratuito. Los índices oceánicos y la precipitación se bajan por HTTP u OPeNDAP sin credenciales; las series peruanas usan la API abierta del BCRP; las chilenas se leen de los cuadros publicados del BDE del Banco Central, que requieren cookies de sesión pero no cuenta.
| Serie | Fuente | Cobertura |
|---|---|---|
| Índices Niño 1+2, 3, 3.4 y 4 | NOAA CPC · ersst5.nino.mth.91-20.ascii (ERSSTv5, base 1991-2020) | 1950-01 a hoy, mensual |
| ONI oficial | NOAA CPC · oni.ascii.txt (bases móviles de 30 años) | 1950 a hoy, trimestral |
| Registro largo de Niño 1+2 y 3.4 | NOAA PSL · nino12.long.anom.data sobre HadISST | 1870-01 a hoy, mensual |
| Temperatura del mar | NOAA PSL · OISST v2.1, 0,25°, por OPeNDAP | 1981-09 a hoy, mensual |
| Precipitación | NOAA PSL · CPC Global Unified Gauge-Based, 0,5°, por OPeNDAP | 1979 a hoy, diaria |
| PBI sectorial y precios de Perú | BCRP · BCRPData, API pública | anual desde 1922, mensual desde 1994 |
| PIB por actividad e IPC de Chile | Banco Central de Chile · Base de Datos Estadísticos, cuadros CCNN2018_P2, IPC_BS_18_VAR_M e IPC_BS_23_VAR_M | trim. desde 2013, IPC desde 2018 |
| Diagnóstico económico de El Niño en Chile | Banco Central de Chile · «El fenómeno de El Niño y sus posibles impactos económicos en Chile» (2026) | VAR bivariados, 2014-2025 |
| Actividad sectorial chilena reciente | Banco Central de Chile · IPoM junio 2026 | primer semestre 2026 |
| Definición de las regiones Niño | NCAR Climate Data Guide · Niño SST Indices | referencia metodológica |
| Cronología de cinco siglos | Quinn, Neal y Antúnez de Mayolo (1987), difundida por el MINAM del Perú | siglo XVI a 1987 |
| Balance del Niño costero 2017 | INDECI · Boletín estadístico de la gestión reactiva | dic 2016 a may 2017 |
| Serie chilena de SST a 1 km | NASA JPL · MUR SST v4.1, usada para la validación cruzada | 2002-06 a hoy |